Me gustan las personas mayores, siempre me han gustado.
No sé si porque tuve la suerte de crecer junto a la entrañable compañía de mis abuelos pero hay algo en ellos que me resulta tierno. Sus ojillos nadan en una lágrima que nunca cae, meciendo y conjugando lo trágico y lo fantástico; la vida. Y en su expresión descubres la serenidad del conocimiento que no te dan los títulos labrado dolorosa y felizmente en cada uno de los surcos que adornan su piel.
Y sin embargo hay ocasiones en las que razonar con ellos se convierte en un reto difícil de vencer…
- Me de una ficha.
- ¿Una fincha? Ah, se refiere usted a un décimo de lotería.
- No claro que no, me refiero a una ficha, si quisiera un décimo habría pedido un décimo pero yo lo que quiero es una ficha.
- Naturalmente… y dígame… ¿De qué quiere la ficha?
- Pues vaya pregunta una de esas fichas de la máquina.
- Claro, ¿Por ejemplo del Gordo que tiene un buen bote?
- A ver, enséñeme esa ficha del Gordo.
- Mire, aquí tiene una apuesta para el Gordo.
- Mmmm pues no me gusta esta ficha, no la quiero…. a ver, enséñeme otra.
- (¡¡¡!!!) Estoooo….. tal vez quiera usted jugar a la Primitiva…
- Pues démela
- Aquí la tiene, una apuesta de Primitiva.
- Mire, sus fichas no me gustan así que me voy a otro sitio con mejores fichas, está visto que las que tienen aquí no valen para nada.
-¿¿¿???